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COLITA, EL FLASH DE LA GAUCHE DIVINE

Octubre 22, 2011

¡Ponme tres Dry Martini! Or­son Welles, Joan de Sagarra y Juan Marsé, sentados en la barra, mi­ran bajo las faldas dela Gimpera. Asu alrededor, ricos, jóvenes y guaperas de izquierdas bailan al son de las paredes del Bocaccio. Entre el humo de los puros, un FLASH. Colita.

En una época en que la cultu­ra era sexy, Colita plantó cara al franquismo con sus retratos en blanco y negro. Frivolidad, belle­za, la alta cultura barcelonesa…sus imágenes eran un signo de li­beración, de alegría ante un mun­do gris y apagado. “No nos quedó más remedio que crearnos una nueva vida porque la oficial era un auténtico desastre. Vivir bajo el régimen franquista era una humi­llación”, decía Colita. Tras 44 años cargando cámaras, su nombre está asociado al Bocaccio -junto a los fotógrafos Oriol Maspons, Xa­vier Miserachs-, a la Escuela de Cine de Barcelona y sobre todo, a los retra­tos de Antonio Gades, Joan Manuel Serrat o Elsa Peretti.

1940. Colita –Isabel Steva – nació a la hora de la siesta. Se negó a se­guir los estudios de farmacia como deseaba su familia y se acomodó en el terrado de su casa, donde instaló su “lavadero-laboratorio”.

1967. Inauguración del Bocaccio. Un año en que Colita dejaría para siempre a Isabel, para ser eterna­mente Colita. “Todo era una broma que cayó en serio”. Seguramente sin la Gauche Divine no existiría Colita y, sin ella, la Gauche Divine sería tan sólo un recuerdo. Joan de Sagarra – inventor del nombre de la Gauche Divine – asegura que las fotografías son el reflejo de la diversión que ca­racterizaba las noches del Bocaccio. “Estaban bien porque eran imágenes con coña, como en las que se ve a Castellet con las señoritas y a Herralde con las secretarias. La broma es lo que ha hecho Colita toda la vida”. Incluso su exposi­ción de las fotografías pareció una broma. La policía la clausuró al día siguiente. Los retratos de todas aquellas extravagantes personali­dades, que pasaban las horas tras los gintonics, se expusieron en las galerías Aixelà (1971), patrocina­dos por Oriol Regàs, propietario del Bocaccio. “Yo tomé la decisión de ser fotógrafa porque estaba en ese ambiente. No lo hacíamos para ser ricas. En aquella época la úni­ca forma de plantar cara al fran­quismo era con la cultura”, explica Colita en el libro Gauche Divine (2000), escrito por Rosa Regàs y Oliva María Rubio.

2011. La Gauche Divine aún si­gue viva. Ni los cuarenta años que nos separan han borrado la huella de aquella Peretti desnuda, con un gallo sentado en su sombrero. “Co­lita aportó un testimonio no sólo vi­sual, sino muy interpretativo sobre las personalidades que iban al Bo­caccio”, cuenta Javier Coma. Esca­las de grises de superficialidad, una mezcla de cultura y progresismo y alguno pasado de vueltas. “Ella re­mite a aquella realidad. Logra mos­trarlos divinamente frívolos, afortu­nadamente frívolos. Podemos ver la búsqueda del placer, el disfrute de lo prohibido. Ella retrató ese mundi­llo maravilloso, pero también el de la aristocracia rancia. Las fotogra­fías de Colita eran las mejores, sin duda”, dice Juan Marsé, escritor que frecuentaba la discoteca de Regàs.

Gógo-girls, diseño y moda, publici­dad, espejos retratados en su cáma­ra de los setenta. La fotógrafa ha pa­sado a la historia por sus primeros planos, provocativos y sexuales de la discoteca más famosa de Muntaner. “Sus imágenes nos enfrentan a lo que un día fueron. Éstas son un re­cuerdo de esa época, instantes dete­nidos y congelados por la fotografía que ahora nos son devueltos, y con su presencia manifiestan su resis­tencia al paso del tiempo”, se emo­ciona Rosa Regàs al recordar la que fue la memoria de la Gauche Divine, el flash y amiga de aquellos años de locura.

Vargas Llosa con sus pequeños jugando encima del sofá; un Teren­ci Moix, sentado al estilo del gran emperador romano, al límite de la provocación; O la famosa Teresa Gimpera girando la cabeza, con los labios entreabiertos, tan sólo vestida por los tatuajes que ador­naban su cuerpo.

Ahora, aquella fotógrafa de pelo corto a lo garçon, la muchacha de las noches sin fin, la rebelde anti­franquista prefiere dejar atrás los recuerdos de una vida que nunca volverá. Si se le pregunta sobre esto, Colita contesta; “Ya he ha­blado mucho de la Gauche Divi­ne, siempre me encasillan en esto. La he dejado en un armario y no quiero saber nada más. No pienso hablar nunca más de ello.

Silvia Coma i Anna Medina